La larga mano de la justicia

En alguna parte Marx dice que la historia se repite como tragedia y luego como farsa. Se le olvidó decir que la historia chilena se manifiesta primero como radioteatro y después como reality. Paralizado por la sensación onírica que me causa toda esta situación, no me quedó más que recabar algunos datos sobre la situación de Lucía Pinochet Hiriart, quien acaba de pedir asilo en los Estados Unidos.

Las condiciones para obtener el asilo en el centro del imperio son sencillas:

1) Haber sufrido persecución o tener temores bien fundados de convertirse en víctima inminente de persecución en el país de origen. Dicha persecución puede ser por pertenencia a una determinada raza, religión, opiniones políticas, o grupo social. En algunos casos, la ley norteamericana considera la pertenencia a un determinado género, por ejemplo para mujeres que huyen de prácticas culturales como la mutilación genital femenina. Si se logra probar que tal persecución ha existido, se otorgará el asilo, a menos que se considere que en el intertanto las condiciones del país de origen hayan cambiado para mejor. Si no se prueba que hubo persecución, se puede otorgar asilo siempre que las condiciones del país de origen hagan suponer con un alto grado de certeza que el solicitante será perseguido si es devuelto a su país.

2) No haberse avecindado en otro país, no tener ofrecimiento de establecerse en otro país, y no tener otro país donde buscar refugio.

La realidad en el terreno mismo deja de ser tan simple y depende mucho del criterio del juez a cargo del caso. Algunos jueces son imparciales, mientras que otros se dedican a actuar de cancerberos fronterizos. Hay que subrayar que el procedimiento de asilo ocurre fuera del sistema jurídico normal, en cortes especiales de inmigración, que ahora están bajo la tutela del ministerio de seguridad nacional (Homeland Security) y no del ministerio de justicia (Department of Justice).

En los Estados Unidos, el asilo es considerado como asunto de inmigración más que como asunto político. La excepción a las reglas anteriores se refiere a los ciudadanos cubanos, quienes por el solo hecho de poner pie en territorio norteamericano ya tienen asegurado el asilo; esto explica los riesgos que corren los balseros que cruzan el estrecho de La Florida.

En las cortes de inmigración, un abogado en representación del gobierno hace las veces de fiscal, intentando demostrar que la solicitud no tiene asidero y que el afectado busca solamente inmigrar a los Estados Unidos. Para esos fines, el gobierno dispone de todos los recursos de investigación necesarios. En cambio, el solicitante, a menos que tenga los medios para contratar un abogado particular, no cuenta más que con la ayuda pro bono de organizaciones privadas de asistencia. Para dar una idea de los costos de contratar un abogado particular, digamos que se puede cobrar alrededor de 300 dólares por una consulta telefónica de media hora. Habrá que ver si Lucía Pinochet tendrá problemas para enfrentar este tipo de gastos ahora que el Riggs le cerró las cuentas a la familia. Si no tiene plata para la representación jurídica entonces va a tener que recurrir a organismos de derechos humanos o de asistencia humanitaria, en muchos casos los mismos que acogieron a las víctimas del régimen de su padre don Daniel.

Se podrían llenar blogs enteros con los horrores y las injusticias cotidianas que se dan todos los días en las cortes de inmigración y en el sistema de cárceles asociado. Algunos solicitantes pasan meses y hasta años en estos lugares de detención, sujetos a maltratos y vejámenes, desprotegidos y casi sin existencia legal, mientras esperan los diferentes pasos del proceso, muchas veces sin tener idea de que podrían contar con ayuda jurídica externa. No creo que Lucía Pinochet esté dispuesta a enfrentar ese grado de desprotección, porque algunos ahorritos habrá guardado por ahí.

¿Cómo se define “persecución”? En términos generales, como el castigo, daño o sufrimiento que se inflige a una persona sólo por el hecho de tener un atributo, creencia, pertenencia a un grupo social u otra característica no tolerada en su país de origen. Actos como la tortura, el asesinato, el encarcelamiento o el ataque físico constituyen pruebas irrefutables de haber sido perseguido.

Ahora bien, la jurisprudencia no se ha definido con absoluta claridad frente a otros tipos de castigo. Por ejemplo, ha rechazado solicitudes de objetores de conciencia de ejércitos latinoamericanos, por considerar que el castigo a la evasión del servicio militar, si bien existe y puede ser severo, no constituye persecución, a menos que sea desproporcionado o que el régimen haya sido condenado por organismos internacionales. Para que un desertor obtenga asilo, debe probar que el acto de deserción lo pone en la categoría de oponente político. Las cortes de inmigración han tomado decisiones políticas que se visten de pronunciamientos legales. Por ejemplo, un desertor del ejército genocida de El Salvador no recibe asilo, mientras que quienes huyen de la leva de la guerrilla salvadoreña sí lo reciben; esto debido a la distinción entre reclutamiento legal e ilegal.

Lucía Pinochet debe demostrar que sus problemas legales constituyen persecución política o bien persecución por pertenecer a un determinado grupo social, es decir, a su desprestigiado clan familiar. Argüir persecución política en un contexto como el chileno sería una ridiculez digna de Miss Piggy. Si decide argumentar persecución por apellidarse Pinochet, al gobierno norteamericano no se le va a escapar que la investigación del juez Cerda – de la que huye la hija del ex dictador—es consecuencia directa de los hechos establecidos en el informe del propio Senado de los EEUU sobre las irregularidades del Banco Riggs.

Además, si es que alguna vez Lucía tuvo la idea de usar en los Estados Unidos uno de los pasaportes falsos que tan libremente circulaban en su familión, sus opciones de asilo disminuyen de manera sustancial. Lo mismo pasará si se demuestra, como ha sugerido Carmen Hertz, que el propósito de su viaje era mover activos que no han sido todavía detectados por los investigadores chilenos o norteamericanos.

Dejo sin tocar un sabroso pedazo de ironía histórica: el solo hecho de que la Lucía Pinochet haya pedido asilo contra la opresión de la justicia chilena. Y que además eligió hacerlo en Washington D.C., ciudad del Banco Riggs y territorio donde Pinochet asesinó por medio de la larga mano de la DINA. Este reality-show tiene buenas locaciones, como se dice ahora.

-Y a CEMA le quitaron la plata, ahora sí que quedamos bien.
¿Tai hueveando, Lucy? Si el demente soy yo.

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4 pensamientos en “La larga mano de la justicia

  1. Sí, en realidad es bien tonta esta mujercita… cómo se le ocurre irse a meter justo allá, ojalá la manden luego de vuelta y acá en CHile la metan presa por ‘rebelde’ y sinverguenza… no hay caso, los más desvergonzados son las personas que justamente tienen más educación y plata…Saludos, y gracias por los datos, ya tengo claro lo que hacer si me quiero ir de inmigrante a EE.UU. jejeje

  2. El papel de Lucía Pinochet es simplemente patético, es como la expresión más pura (el tipo ideal, diría Weber) del patetismo que recorre a toda esa familia como imagen para la historia.Y la justicia finalmente tarda, pero llega…. Salud por eso !

  3. Los hechos de facto no pueden ser negados. Ocurren como los medios y las instituciones involucradas lo cuentan; las cámaras de televisión los muestran; los diarios, con lujo de detalle, las escriben y todo para que el vulgo tenga el molde necesario.Desde hace muy poco que venimos despertando y por ello, también pienso como Marx:”Primero como tragedia, luego como comedia”Insisto: lo interno es mucho más grave:preparemonosparalafinal.blogspot.com

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