Nerviositos


La verdad sobre las credenciales académicas de Piñera se encuentra detallada en los archivos de este blog. Eso está poniendo muy nerviosos a los manejadores de la campaña derechista. Saben que con la verdad no pueden pelear, y por lo tanto están tratando de distraer al público.

Ahora le atribuyen estas informaciones al comando de Michelle Bachelet. Repito enfáticamente que no soy parte de ese comando, y que las indagaciones que he hecho han sido por iniciativa propia.

Soy partidario de Michelle Bachelet porque ella representa la transparencia, la credibilidad y la coherencia ética de la que carece absolutamente Sebastián Piñera. El candidato de la UDI y RN no se controla en su afán de aparecer más de lo que es, inflando cada uno de sus logros de manera innecesaria.

Hablo desde este espacio libre y autónomo con la verdad que no le gusta al poder. Eso es lo que no pueden soportar, porque saben que han mentido.

Si tú lees acerca de esto por primera vez, solamente hazte la siguiente pregunta: ¿Por qué cambiaron este currículum original si las credenciales estaban en orden?

La verdad innegable, aunque no les guste a algunos


No quería seguir insistiendo en el tema, porque los hechos están establecidos de manera absoluta e indiscutible. Los pertinentes están avalados por las autoridades de la Universidad de Harvard, cuyo lema Veritas quiere decir “VERDAD”:

  1. Sebastián Piñera había puesto datos falsos en su currículum de campaña, que es su carta de credenciales ante el electorado.
  2. Había puesto que ocupó el cargo de “Profesor de Economía” de Harvard, como se ve en el currículum original.
  3. Había puesto que se graduó del doctorado con “honores máximos”.
  4. Revelé en El Mostrador y en este blog que esa información era falsa, según indagaciones exhaustivas y directas hechas a varias reparticiones de Harvard, incluyendo el Departamento de Economía, la Oficina de Archivos y Registros (Registrar’s Office), la Oficina de Información de la Graduate School of Arts & Sciences, la Oficina de Información de la Escuela J. F. Kennedy de Gobierno y Administración Pública, y la Oficina de Información de la Escuela de Negocios de Harvard.
  5. Estas indagaciones indicaron que Sebastián Piñera no fue jamás Profesor de Economía en Harvard.
  6. También establecieron que no se graduó con “honores máximos”, distinción inexistente para el doctorado de Harvard.
  7. Al hacerse pública la falsificación de datos, el comando de Piñera cambió el currículum.
  8. Donde decía que había sido “Profesor de Harvard”, pusieron: “Mientras estudiaba economía en Harvard University, hizo clases en dicha institución”.
  9. Al mismo tiempo, insisten en la mentira de que se graduó con “honores máximos”.
  10. Harvard confirma que Sebastián Piñera fue alumno ayudante (Teaching Fellow) el año académico 1975-76.

En vista de estos datos incontrovertibles, está en lo correcto cualquier persona que sostenga que Sebastián Piñera ha distorsionado, exagerado y abultado sus credenciales académicas.

Declaro de manera fehaciente que aunque soy partidario de Michelle Bachelet (entre otra cosas porque presenta una trayectoria de veracidad, transparencia y principios éticos), no soy ni he sido parte de su campaña, por el simple hecho de vivir y trabajar fuera de Chile.

Hago esta última aclaración porque en el diario derechista La Segunda del martes 27 de diciembre (p. 15) aparecen dos economistas del comando de Piñera, Felipe Larraín y Rodrigo Vergara, destacando “el ‘gran mérito’ de su doctorado y su calidad de profesor en Harvard”.

Se trata de una maniobra clásica de evasión por confusión. En ningún momento cuestioné el doctorado de Piñera. Lo que sí negué es que hubiera sido “profesor en Harvard”. En este último punto, Harvard misma me da la razón: fue ayudante no más, no “teacher” [sic] como se dice en el artículo de La Segunda que cito y copio más abajo.

El mismo Felipe Larraín debería ser más cuidadoso con los términos que emplea, sobre todo porque él tuvo un nombramiento temporal de Profesor Invitado (Visiting Professor) en Harvard y debería saber bien las diferencias de rango y capacidades entre un ayudante básico, un Profesor Invitado, y un Profesor de Harvard con todas las de la ley.

Larraín es un académico de buena trayectoria, pero al parecer no entiende las nomenclaturas, porque en su propio currículum traduce como “Profesor Titular Visitante” su cargo temporal de un año y medio como Visiting Professor of Latin American Studies en Harvard. “Titular” y “Visitante” son términos mutuamente excluyentes. La cátedra Robert F. Kennedy se va turnando entre académicos invitados por un período limitado de tiempo. Si bien se trata de un cargo prestigioso, no tiene los quilates del puesto permanente y vitalicio que ostentan académicos chilenos como Andrés Velasco en Harvard o Eduardo Engel en Yale. (Tanto Velasco como Engel asesoran y apoyan Michelle Bachelet). Ver declaraciones de Andrés Velasco en La Tercera del 29 de diciembre de 2005.

Estos son los hechos concretos e innegables. Just the facts, ma’am, dicen los gringos. Sin ponerle ni quitarle.

Están demostrando desesperación, tal vez porque el desenfreno egocéntrico de su propio candidato los obliga a ser poco cuidadosos con la verdad. No se entiende cómo pueden seguir defendiendo, en vista de toda la evidencia incontrarrestable, la veracidad “de cada uno de los antecedentes académicos” de Sebastián Piñera. No sólo el candidato se toma libertades con la verdad, sino que arrastra en ello a gente de su entorno que debiera ser más precavida.


The Professor: Entrevista en La Nación Domingo


La Nación Domingo publicó una entrevista titulada “The Professor” sobre el tema del c.v. con datos falsos. La entrevista pasó por manos editoriales, con el propósito de agilizarla y también debido a las restricciones lógicas de espacio que un diario de papel se ve en la obligación de considerar. Es muy diferente por lo tanto de la versión original, que fue hecha por e-mail. Pongo aquí la versión sin editar, a manera de constraste. Las preguntas son de Francisco Ramírez Q., quien es un acucioso periodista que actuó siempre de manera muy profesional. Agradezco a Francisco Ramírez y a los editores de La Nación Domingo por su interés en comunicarse directamente conmigo, a diferencia de medios como LUN, diario que usó sin atribuir el material publicado por El Mostrador y este blog, simulando una entrevista.

P: ¿Qué le motivó a indagar en la veracidad de los antecedentes académicos del candidato Piñera? ¿Suponía usted consecuencias de gravedad si podía falsear o deformar ciertos datos que estaban circunscritos al ámbito curricular?

RCS: Varias cosas me parecieron raras a primera vista, tal vez porque en el trabajo académico uno desarrolla un buen ojo para leer currículums y detectar datos que no cuadran. Lo que más me extrañó fue que se atribuyera el cargo de “Profesor de Economía” en Harvard entre 1976 y 1988, porque Piñera es conocido por sus éxitos empresariales, pero no por sus contribuciones académicas. Ser Profesor de Economía en Harvard no es cualquier cosa. Es un cargo respetadísimo, muy poca gente logra un puesto académico como ése. Estaba muy consciente de que tenía que ser acucioso, y por eso consulté en partes diferentes: el departamento de Economía mismo, la Oficina de Registros (Registrar’s Office) y también me contacté con la gente de comunicaciones de la Facultad de Artes y Ciencias, de la Escuela de Gobierno J.F. Kennedy, y de la Escuela de Negocios de Harvard.

P: De acuerdo con lo que usted ha planteado en un artículo sobre este tema, el “agrandar” los curriculums implica una búsqueda de querer hacer gala de más galardones de los que se posee. Pero ¿no se trata de una costumbre extendida y generalizada que, por tanto, no genera mayores consecuencias sobre todo si se considera su uso en la búsqueda de empleo?

RCS: Hay que distinguir. Una cosa es abultar los currículums, es decir poner detalles insignificantes para ocupar páginas, y otra cosa es la práctica de inventar cosas que no son ciertas. La primera no es aconsejable, porque se nota inmediatamente cuando alguien pone detalles innecesarios para llenar espacio. La segunda es una falta grave a la ética, y no me sorprendería que fuera ilegal, porque se trata de un engaño a un posible empleador, un socio comercial, un colega, o en este caso, los ciudadanos que buscan llenar el puesto de Presidente de Chile. No creo que en Harvard hayan estado muy contentos con estas tretas de alguien que se hacía pasar por profesor de ahí, porque ellos cuidan mucho su prestigio.

P: En el curriculum de Piñera usted advirtió referencias puntuales que le causaron extrañeza. ¿Cuáles fueron éstas?

RCS: Vi que en el currículum decía que se había graduado de su doctorado con “honores máximos”. Como ex alumno de postgrado de Harvard, yo sabía que en mi universidad esa figura no existe para los Ph.D. Solamente existe como nota en los exámenes doctorales, pero eso no queda registrado oficialmente; normalmente nadie lo menciona. Simplemente no se hace, una especie de pudor que se aprende allí lo impide. Eso me llamó la atención.

La respuesta que da Piñera a través de su hija Magdalena es penosa: dice que poner que tuvo “honores máximos” es una manera de indicar que se sacó “puras A”. Es como si yo me pusiera en el c.v. que el Vaticano me declaró santo oficialmente y cuando me pillan en la mentira, explico que es una forma de decir que soy super buena gente.

P: ¿Influyó su experiencia como ayudante de la Universidad de Harvard para conjeturar que Piñera estaba deslizando datos erróneos?

RCS: Claro que sí, mi experiencia en Harvard me hizo darme cuenta del nivel que tiene que tener alguien para ser nombrado Profesor. Imagínate estar en clases con el premio Nobel de Literatura Seamus Heaney y asoma la cabeza Carlos Fuentes para decir que tiene la sala a la hora siguiente. O encontrarse en un ascensor con James D. Watson, descubridor de la estructura del ADN.

P: ¿A partir de que momento en específico decidió indagar la certeza de estos antecedentes? ¿Puede relatar el método empleado?

RCS: No me acuerdo bien del momento, pero creo que fue cuando vi la franja con una voz que decía algo así como “¿Y saben qué? En Harvard también fue el mejor alumno”. Al principio me pareció cómica la falta absoluta de modestia y la exageración, pero dejé de encontrarle lo divertido cuando me di cuenta de que este tipo de propaganda desenfrenada le estaba funcionando para proyectar esta imagen de omnipotencia intelectual. Al día siguiente me comuniqué por teléfono y por e-mail con Harvard.

P: ¿Qué informaciones pudo reunir?

RCS: Primero confirmé con el departamento de economía que ellos no conferían “honores máximos” a nivel de doctorado. Pregunté si había un premio para el mejor alumno o algo parecido: me dijeron que no tenían nada así. Luego llamé a la Oficina de Registros sobre los “honores máximos” a nivel de facultad. Me confirmaron lo que yo sabía: no hay honores especiales para los doctorados, y cualquiera que ponga algo similar en su c.v. está poniendo información falsa.

P: Sin embargo, su indagación fue más allá y se encaminó a determinar la veracidad del cargo de “Profesor de Economía” que el candidato sostenía haber ejercido entre 1976 y 1988 en la mencionada casa de estudios. ¿No le resultaba coherente que un hombre diestro en los negocios como Piñera pudiese haber ejercido este trabajo? ¿Porqué volvía a desconfiar?

RCS: Al contrario, me resultaba muy incoherente, porque la exigencia académica de alguien que es Profesor de Economía en Harvard es muy alta y no deja tiempo para nada más. Insisto que se trata de un cargo académico de alto octanaje, de dedicación exclusiva. En realidad fue esta disonancia la que más me llamó la atención.

P: Al investigar este punto ¿A qué resultado llegó?

RCS: Cuando recibí el resultado de la búsqueda en los archivos de Harvard, la verdad es que me sorprendí mucho, porque me dijeron que no había evidencia de que hubiera enseñado en Harvard de manera alguna. Me dijeron que no descartaban que hubiera sido Teaching Fellow o ayudante, pero que no habían encontrado ningún documento. Me dijeron que había registro de José Piñera, el hermano que fue Ministro de Trabajo de Pinochet, como ayudante, pero no de Sebastián Piñera.

P: Según sus averiguaciones ¿Piñera, entonces, ejerció sólo como “profesor ayudante”?

RCS: El término correcto no es “profesor ayudante”, sino “ayudante” a secas, o “alumno ayudante” si se quiere. Y la verdad es que la gente de Harvard me dijo que no había evidencia de eso, aunque no descartaron que hubiera archivos dispersos. Cuando salió a la luz mi primer cuestionamiento de las credenciales, en El Mostrador, en la página web del candidato hicieron pública una copia del nombramiento como ayudante, que parece genuina. Al mismo tiempo, borraron la parte del currículum que decía que había sido Profesor de Economía en Harvard y pusieron una frase vaga: “hizo clases”.

P: ¿Qué diferencia al profesor ayudante del profesor en sí en la Universidad de Harvard? Se lo pregunto porque en nuestro país es perfectamente viable que un ayudante de cátedra “reemplace” en una clase al profesor titular si éste no puede asistir, por ejemplo… ¿Existen otros grados intermedios?

RCS: No hay grados intermedios porque no existe una secuencia que vaya directamente de ayudante a profesor. Los ayudantes son, en general, estudiantes de post-grado que cumplen funciones de apoyo. Para ilustrar, fui ayudante del novelista mexicano Carlos Fuentes en Harvard. Jamás se me habría encomendado la tarea de reemplazar a Fuentes si faltaba a una de sus clases magistrales. Tampoco lo habría hecho la ayudante jefe, otra chilena, Verónica Cortínez, quien ahora es Profesora Titular en UCLA. El curso estaba dividido en secciones y los ayudantes explicábamos, analizábamos, y discutíamos los temas con los alumnos que nos tocaban. Le hacíamos sugerencias y preguntas a Fuentes en nuestras reuniones con él, diseñábamos los exámenes y evaluábamos. Jamás se nos habría ocurrido poner en el currículum que fuimos Profesores de Literatura en Harvard. Es el equivalente de lo que hizo Piñera. No es cosa menor.

P: La candidatura de Piñera se sostiene, entre otros argumentos, en su capacidad para generar riqueza y llevar a buen puerto proyectos económicos. Según ha recalcado en mas de una oportunidad proviene de una familia “de clase media” que salió adelante gracias al esfuerzo y el trabajo duro. Descubrimientos como los de una adulteración curricular ¿desvirtúan en algo tal afirmación?

RCS: La desvirtúan de manera esencial, porque se trata de una falta de respeto al mérito, que es el medio de movilidad social en el cual la clase media (y no sólo la clase media) pone sus esperanzas.

Si alguien del medio social de Piñera, hijo de embajador, emparentado con la aristocracia terrateniente, educado en un colegio de élite como el Verbo Divino, de verdad cree que pertenece a la clase media, entonces hay un problema conceptual serio que se añade a la falta de respeto por la meritocracia.

P: Según su indagación, Piñera ingresó un dato inexacto a su curriculum. Ello podría ser una imprecisión o un acto adrede. De ser este último el caso ¿implicaría que cómo Presidente podría incurrir en otras acciones de este orden?

RCS: No creo que estas “inexactitudes”, como tú las llamas de manera tan gentil, sean nuevas. Debe haber estado haciendo este tipo de cosas durante años; quizás cuántos beneficios habrá derivado de ellas, y seguramente se han vuelto parte de lo que él ve como realidad. Tal vez está convencido de que “hacer clases” es más o menos lo mismo que ser profesor titular de Harvard. Demuestra un grado alarmante de arrogancia, pero lo más inquietante son dos cosas: en primer lugar, que denota un carácter peligrosamente temerario al pensar que nadie lo iba a pillar, y en segundo lugar, que parece no darse cuenta de cómo estas manipulaciones dañan su credibilidad. Si resultara elegido Presidente, esa credibilidad pasará a ser la credibilidad de todo Chile. El carácter de un presidente es el retrato que el mundo se hace de un país. Es cosa de mirar lo dañado que ha salido Estados Unidos con el carácter de Bush y de considerar el beneficio de imagen que le ha dado a nuestro país la solidez de Lagos. Sería una pesadilla que le dijeran, aunque fuera en broma: ¿y usted es el que se hizo pasar por profesor de Harvard? Fuera de Chile ya se lo moteja como “el Berlusconi chileno” y eso no le hace bien a nadie.

P: Diversos estudios dejan de manifiesto que el votante actual -en una tendencia de alcance global- es seducible en alta medida por el carisma y discurso de un candidato más allá de su preparación intelectual o capacidad de generar reales soluciones a problemas específicos. ¿Porqué Piñera debe escapar de esta norma si al fin y al cabo lo que busca es, precisamente, votos?

RCS: El problema de Piñera es que tanto su carisma como su discurso se basan en el concepto machacón del ganador, “el mejor de todos” y en una supuesta meritocracia transversal (“gobernar con los mejores”). La distorsión de sus credenciales y la manera en que ha enfrentado el tema indican que no practica lo que predica. Piñera es un hombre inteligente, tiene muchos méritos admirables, pero no le basta con eso, e igual que su eslogan, “quiere más”, y más, y más. Indica un concepto del bien público como una serie de adquisiciones y conquistas, basado en un modelo empresarial depredador.

P: Piñera prefirió darle un bajo perfil a la suplantación ¿Qué implica el que haya sido su hija quien salió “hablando por él” en LUN?

RCS: Si es verdad que su hija le escribió el currículum de campaña, habla mal de la manera en que Piñera dirige su equipo; evidentemente, a juzgar pr la entrevista que le hizo LUN el viernes 16, ella no tiene idea. Su padre, aun sabiendo eso, no dudó en echarla a los leones, a defender lo indefendible. Habría que ver en qué se basó Magdalena Piñera para escribirlo, de dónde sacó la información, aparte de la pared donde su padre tiene enmarcado hasta el papelito rutinario en que se lo nombra, en el lenguaje pomposo harvardiano, ayudante en Economía. Ella se cree el cuento y su padre se aprovecha de eso para intentar bajarle el perfil al asunto. Otro rasgo perturbador del candidato.

Piñera reconoce que su currículum estaba inflado


Después de lo publicado en El Mostrador y en este blog, Piñera se vio obligado a hacer cambios en su currículum. Puso “mientras estudiaba en Harvard University, hizo clases en dicha institución” donde antes decía claramente que había sido “Profesor de Economía” en Harvard. Además, publica la foto de un documento, que parece ser genuino, en el que se lo nombra como Teaching Fellow (alumno ayudante) para el año académico 1975-76.

Este es un reconocimiento por parte de Piñera de que el currículum tal como estaba hasta la mañana del viernes 16 de diciembre, no correspondía a la realidad.

Lo corroboran las declaraciones de Magdalena Piñera en LUN (17-12-2005, p. 9). Piñera reconoce a través de su hija que el candidato no fue “profesor” sino “teaching fellow”. Además, reconoce que no recibió honores máximos en Harvard y señala que “decir que tuvo honores máximos es una forma de explicar que tuvo excelentes notas” (!) La campaña le deja la defensa a Magdalena, quien no está al tanto de que no hay ninguna relación entre ser ayudante y ser profesor en una universidad. Y que sacarse “puras A” no quiere decir que automáticamente se den “honores máximos”.

Para aclarar y dejar zanjado este bochornoso tema, quisiera ofrecer algunas precisiones sobre los modos de ejercer la enseñanza en esa universidad y sobre los diferentes niveles de docencia comunes en Harvard y el sistema universitario norteamericano.

1. Teaching Fellow (alumno ayudante). Es el nivel más bajo (lo corrobora el economista del equipo de Piñera Felipe Larraín en LUN 17 Dic 2005, p. 9) Por lo general el ayudante no está a cargo de un curso, sino de una sección de estudiantes dentro del curso. La misión de la enseñanza consiste en explicar y dar oportunidad de discutir los temas que presenta el profesor principal del curso, quien es el que decide el formato, los contenidos, las lecturas, la distribución de los requisitos del curso, etc. El Teaching Fellow cumple una misión de apoyo a un curso que enseña una persona de mayor rango. Las responsabilidades, por supuesto, varían y pueden incluir la formulación o corrección de exámenes, por ejemplo. En mi caso, para ilustrar el concepto, cumplí este cargo en varios cursos de Harvard, como el del historiador español Juan Marichal sobre la Guerra Civil Española, del departamento de Historia, o el del escritor mexicano Carlos Fuentes sobre ficción e historia en Hispanoamérica, del programa de Artes y Literatura, entre varios otros. Me precedieron en las humanidades otros chilenos como Bernardo Subercaseaux, Juan Armando Epple y Verónica Cortínez, los tres con destacadas trayectorias académicas luego de su graduación. La mayoría de los estudiantes de postgrado tienen la oportunidad de enseñar como Teaching Fellows; no requiere de un proceso de postulación demasiado riguroso y generalmente es parte de una beca de estudios. El término usado en Harvard es el equivalente exacto de lo que en otras universidades se llama Teaching Assistant. La traducción inequívoca es ayudante, o alumno ayudante, jamás profesor.

2. Instructor (Instructor). Reservado por lo general para estudiantes avanzados de post-grado que hayan dado sus exámenes doctorales, tanto orales como escritos, y que se hayan desempeñado como Teaching Fellows durante un período estipulado. Las responsabilidades que se le dan a un instructor son por lo general más amplias. Un Instructor puede ofrecer un curso diseñado por él mismo o puede diseñar y ofrecer un curso individual que sea parte regular del currículum. Doy por ejemplo otra vez mi caso: después de dar mis exámenes doctorales di mis propias clases como Instructor en el Departamento de Historia y Literatura y en el Departamento de Lenguas y Literaturas Románicas. El rango de Instructor requiere la nominación del departamento y la aprobación de la facultad de estudios graduados. Aquí se acaba el carril de enseñanza para los estudiantes de post-grado.

3. Assistant Professor (Profesor Asistente). Es el comienzo de un carril profesional. Se trata de un puesto muy competitivo abierto a postulantes de todas partes, generalmente por un período limitado de años, aunque con la posibilidad de obtener una cátedra permanente (esto se llama tenure-track). Los postulantes a este cargo, todos con su Ph.D. en mano, deben tener ya un dossier considerable y prometedor de docencia y publicaciones, una agenda activa y novedosa de investigación, y deben estar considerados entre los mejores valores jóvenes de su generación a nivel nacional y a hasta mundial. No todos los profesores asistentes logran quedarse en Harvard después de haber sido contratados, porque la barrera más formidable viene después de este nivel, con el rango de profesor asociado con permanencia (lo que en inglés se llama tenure e implica que tiene el puesto de por vida). El nombramiento de profesor asistente requiere una búsqueda pública a nivel nacional e internacional, la aprobación del comité ad hoc, del departamento, de la facultad, y de la rectoría. En estos momentos, el académico chileno Luis Cárcamo Huechante tiene el puesto de Profesor Asistente en Lenguas y Literaturas Románicas.

4. Associate Professor (Profesor Asociado). Es un cargo que por lo general se otorga o se adquiere con la permanencia vitalicia (tenure). Un profesor asociado debe tener varios años de trayectoria distinguida, con prestigio a nivel internacional y búsquedas exhaustivas que deben pasar por varios niveles: el del departamento, la facultad, y por último la rectoría. Aquí se buscan lumbreras, gente que haya hecho contribuciones incuestionadas a su disciplina. En este grupo en Harvard no es inusual encontrarse con premios Nobel, becarios de la llamada “beca de los genios” MacArthur, gente todavía joven pero de fama internacional. El proceso es muy riguroso y requiere una recomendación de un exigente comité ad hoc, del departamento, de la facultad y de la rectoría.

5. Professor (Profesor titular). También llamado Full Professor. Se trata de catedráticos absolutamente únicos, brillantes, con una larga trayectoria de éxitos académicos, numerosas publicaciones importantes, una influencia considerable en su campo, presencia de peso indiscutida a nivel mundial. A menudo Harvard utiliza una grúa muy aceitada para robarse académicos estrella de otras instituciones rivales, como Princeton o Yale. Aun así, debe pasar por todos los pasos de control antes señalados. Como ilustración: En estos momentos, el consejero económico de Michelle Bachelet, Andrés Velasco, es profesor titular en la JFK School of Government de Harvard, y dueño de la cátedra Sumitomo, un honor especial adicional. Otro destacado economista ligado a Bachelet, Eduardo Engel, es profesor titular en la eterna rival de Harvard, Yale University. Otro chileno, Sebastián Edwards, tiene un cargo similar en UCLA, la cátedra Henry Ford II en economía internacional.

Ser “Profesor de Economía” en Estados Unidos no es, por mucho que uno lo estire, lo mismo que haber “hecho clases mientras estudiaba”.

Un ayudante no es un “profesor que recién empieza”, como se le hizo entender a Magdalena Piñera. Tampoco es lo mismo que “profesor goma“, como bromea el candidato en LUN (18-12-2005, p. 11), porque en esa expresión está de sobra la palabra “profesor”.

Hay otras categorías, como adjunct professor, o profesor adjunto reemplazante, visiting professor (profesor invitado, cargo que han tenido en Harvard Eduardo Engel y Sergio Bitar), pero no son relevantes en este tema.

Es revelador que Piñera no se haga responsable de las falsedades y exageraciones de su propio currículum y que ponga a su hija a dar la cara. Ella asume la responsabilidad sin tener mucha idea de las diferencias que hay en la terminología o del significado de esa terminología.

Cabe preguntarse quién va a asumir la responsabilidad de los “errores” y las exageraciones de Piñera en el futuro, mientras el candidato sigue pasando gato por liebre en su febril afán de llegar a ser presidente y ganarles a todos, a todos, por fin.

Presidente de Chile, (c)

Hace un tiempo, el cientista político Patricio Navia criticaba en una columna de la revista Capital la costumbre extendida en Chile de inflar los currículums por medio del truco de poner (c) después de la sigla correspondiente a un grado académico como el Ph.D. La “c” entre paréntesis indica “candidato”. En jerga académica eso significa que no se ha completado el ritual de escribir la tesis o disertación de costumbre. El haber llevado a puerto la barquichuela de la tesis y tener el Ph.D. sin apellidos no es garantía de nada. Sin restarles méritos a las excepciones, hay que decir que la tesis doctoral, a lo más, indica que el candidato tuvo profesores consejeros que lo respaldaron, que cuenta con una porfía rayana en lo patológico, con un traste de titanio y salud ídem. Lo que se cuestione de quienes usan la (c) no debe ser, por lo tanto, su calidad intelectual o la solidez de sus conocimientos -porque anda mucho burro suelto con su doctorado en regla-sino el uso cazurro de esa letrita que se añade para dar una impresión falsa a quienes no están familiarizados con los protocolos de la academia. Circula otro recurso similar, como el de poner “estudios de…” entre los grados académicos, siendo que la frase misma indica que no se concluyó el programa.

Estas mañas no demuestran necesariamente mala fe sino que más bien delatan una comprensión peculiar de lo que es un currículum vitae, en la que este papel funciona como un emblema de prestigio, un blasón social, como un escudo de armas o algo parecido, y no como un documento fidedigno acerca de la preparación académica y la experiencia profesional de una persona.

Hago estas reflexiones porque me dio curiosidad leer ciertas afirmaciones de prensa en las que se decía que Sebastián Piñera, que tiene un Ph.D. sin (c), había sido no sólo “el mejor alumno de su generación” en la Universidad Católica, sino que también en la Universidad de Harvard. Lo mismo afirmaba con aspavientos la franja electoral de RN . Me llamó la atención, porque sé que Harvard no distingue a sus doctorandos de esta manera. Tal vez esa universidad reconoce que el daño sicológico sería mayor si los pobres estudiantes tuvieran que terminar la tesis y más encima andar compitiendo entre ellos.

Famoso graduado de bachillerato de Harvard

En Harvard, ese trauma se reserva para los postulantes al grado de bachiller, que luchan y se desangran durante cuatro años por el cum laude, el magna cum laude o el summa cum laude que los marcará hasta la muerte. No es chiste: en los obituarios de ex alumnos de bachillerato, junto al nombre del finadito, aparece una sigla correspondiente a los honores de su graduación, si es que los alcanzó: cl, mcl o scl. Estas designaciones son parte de un ritual que permite rendirle culto al fetiche de la meritocracia y al mismo tiempo reclamar una cuota de privilegios aristocráticos, en la vida y en la muerte.

Harvard y otras universidades similares no distinguen entre doctorandos tal vez por la presunción -vanidosa y muchas veces infundada-de la calidad de quienes entran a esos programas, que son en teoría los más competitivos y avanzados con que cuentan. La meritocracia de los post-grados se da por sentada y no requiere de ritos ni de jerarquizaciones formales especiales. En el caso del doctorado de Sebastián Piñera, Harvard parecería haber hecho una excepción, si uno juzga por los antecedentes que aparecen en la página web del candidato presidencial

Ojo: Le hiceron cambios en el c.v. oficial (el que está en formato Word) después de que se hiciera público el hecho de que estaba inflado el currículum. Agregaron un documento oficial en que se dice que fue, en efecto, ayudante en economía entre 1975 y 1976. Eso dista mucho de “profesor”, que es catedrático titular. Insisten con los “honores máximos”.


Allí se indica que Piñera se habría graduado de su doctorado “con honores máximos”. Llevado por la curiosidad, consulté al Departamento de Economía de Harvard para averiguar si allí se otorgaba ese tipo de distinción, y me confirmaron que ellos no lo hacían. El economista de la Universidad de Chicago, Roger Myerson, graduado de Harvard el mismo año de Piñera, me aseguró que no le sonaba el nombre, aunque sí se acordaba de otro alumno de esos años llamado Salinas de Gortari. “Si esta persona hubiera sido el mejor alumno en economía, creo que su profesor guía lo habría obligado a seguir una carrera académica-y además yo tiendo a pensar que me acordaría de él, así como me acuerdo de Salinas de Gortari, aunque por otras razones”.

En la Oficina de Registros de Harvard me dijeron que la distinción tampoco se otorga a nivel de la Facultad de Artes y Ciencias. Concluí que se trata de una equivocación en el currículum de Piñera, una repetición casual de los “honores máximos” con que se habría graduado de la Católica.

Mientras hacía mi consulta, una cosa más me llamó la atención. Según el currículum, Piñera habría ejercido nada menos que el cargo de “Profesor de Economía” en la misma Harvard, en algún momento del período que va entre 1976 y 1988. Supuse que se trataría de otra equivocación y que eso significaba en realidad que él había sido ayudante de cátedra y había por lo tanto ejercido de esa manera la docencia. Ser ayudante es cosa corriente en cualquier programa de doctorado norteamericano. Igual decidí hacer la averiguación completa.

La respuesta no se hizo esperar, y en un correo electrónico recibí lo siguiente de Steve Bradt, director asistente de la oficina de informaciones la Facultad de Artes y Ciencias de Harvard: “No existe registro alguno del nombramiento de Sebastián Piñera como Profesor de Economía en la Facultad de Artes y Ciencias. Aparece un José Manuel Piñera (nacido el 10/6/48, Bachiller Universidad Católica de Chile) como ayudante (Teaching Fellow) en economía entre 1971 y 1974, pero esas fechas no coinciden con la época en que Sebastián Piñera fue estudiante de post-grado. No existe ningún registro de que alguien llamado Sebastián Piñera haya enseñado alguna vez en la Facultad de Artes y Ciencias”. En efecto, José Piñera es el hermano de Sebastián, otro adherente a los “valores del humanismo cristiano” que no le impidieron ejercer el cargo de Ministro del Trabajo en la época más perra de la dictadura, diseñar las leyes laborales del régimen, y hacerse cargo del proceso de privatización del seguro social.

En todo caso, detecté primero asombro y luego una leve irritación en la voz de Steve Bradt al enterarse de que alguien decía tan públicamente haber sido profesor de Harvard sin que haya evidencia de que sea cierto. A lo mejor es porque Bradt está demasiado consciente del peso de ese cargo, reservado para gente destacada en su campo, no sólo a nivel nacional sino mundial. Para ponerlo en perspectiva, de ser verdad lo que dice su currículum, Sebastián Piñera habría sido colega, con el mismo rango, de J. Kenneth Galbraith. Porque según el documento de marras, él no fue ayudante, instructor, profesor asistente o profesor asociado, sino profesor (lo que se llama full professor) a secas, que es un rango mayor. Ésa sí que sería gracia, pero al parecer es mentira.

La consulta a la J. F. Kennedy School of Government, parte de la misma universidad, tampoco arrojó un resultado positivo. Doug Gavel, gerente de relaciones con los medios de esa escuela de administración pública, señala: “No he podido localizar ningún registro que indique que el señor Piñera haya dictado clases en la Kennedy School of Government durante el período indicado”. Y agrega más adelante: “Nada de lo que he revisado hasta ahora indica que haya enseñado aquí”. La otra posibilidad era la Escuela de Negocios de Harvard, pero Kerry Parke, encargada de comunicaciones, me comunicó que Sebastián Piñera tampoco había enseñado en esa facultad.

El diario La Tercera ya cuestionó tibiamente, casi a escondidas, eso de “mejor alumno” y “honores máximos”, una semana antes de la primera vuelta, pero el currículum sigue en la red sin alteraciones al momento de escribir estas líneas. La Tercera acepta las incoherentes explicaciones de “cercanos” al candidato, las que, en vez de despejar las dudas, las aumentan. Ningún medio se ha molestado en chequear los datos del currículum de manera exhaustiva, a pesar de que la información está al alcance del teléfono o del correo electrónico. Con respecto a eso que Piñera haya enseñado en Harvard, la misma universidad asegura que es falso.

El lema de Harvard: ¿Qué querrá decir veritas?

¿Qué importa? dirán algunos. Nadie duda de la inteligencia o de los éxitos de Sebastián Piñera como político y, sobre todo, como empresario. Los datos falsos que se encuentran en su currículum parecerían ser marcas irrelevantes en un papel. Pero hay un creciente segmento de electores para quienes lo principal es la capacidad, la preparación, y el carácter de un candidato. Las credenciales les importan más que la ideología. Un paseo rápido por los foros de internet revela que muchos, generalmente estudiantes universitarios y profesionales jóvenes, por lo general hombres, se han tomado en serio la fama de “mejor alumno de Harvard” y otros datos del currículum para demostrar que Piñera era superior a Lavín y es superior a Bachelet.

Quisiera insistir en que la conexión entre pergaminos y capacidad es, a lo más, tenue e incierta. El problema de fondo aquí es que la campaña de Piñera ha levantado una figura que no corresponde a la realidad y que más encima la enmascara y desvirtúa. Esto nos dice que la candidatura carece de los escrúpulos o del cuidado necesarios para exigirse a sí misma entregar a la ciudadanía información digna de credibilidad. Estos escrúpulos, claro, son un obstáculo para la constante labor de re-invención sin la cual el ex liberal Piñera, ahora camaleónicamente transformado en neo-conservador valórico, no podría sustentar su carrera a la presidencia.

Tal vez no sea culpa del candidato, sino de la tolerancia que existe en Chile para este tipo de manipulación de las credenciales. Si el nuestro fuera un país donde los méritos de las personas realmente se consideraran más que su rango socio-económico, su raza, o su sexo, se tomaría más en serio lo que se pone en un currículum. Al parecer, estamos lejos de ello, pero nos alejaremos más si sale elegido presidente alguien que confunde las cosas de manera tan fundamental y que parece dispuesto a todo para lograr la ambición personal de ocupar el Palacio de La Moneda, bien raíz que pasaría a llamarse de ahí en adelante el Palacio del Billete.

Por lo menos, hay que reconocer que la desfachatez tiene un límite: Piñera no se ha atrevido todavía a poner en su currículum vitae su credencial más anhelada de Presidente de la República, aunque sea con la famosa (c).

Otro truco de McPiñera; fondo neoyorquino para un candidato chilensis

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