Explotadores y chupasangres

ADVERTENCIA: Este es un posting terapéutico, con agradecimientos a Camilo Escalona.

No sé si el senador Allamand, o Lord Somerville, o Miss Simpatía Matthei se dan cuenta del papelón que hacen cuando se engrifan con Escalona por llamar al pan, pan y al vino, vino. El pan de esta metáfora son los chupasangres y el vino son los explotadores.

Allamand se alarma y acusa a Escalona de ser el nuevo Carlos Altamirano, Somerville se despeina la bochornosa melena de Lord Gomina para recordarnos que este tipo de lenguaje tuvo serias consecuencias en el pasado. Miss Simpatía también rocía algo de su acostumbrado spray tipo sarín, evocando, con ese rictus tan ganador que tiene, los tiempos de la UP.

Manifiestan horror por el pasado, cuando en vez de la gente se hablaba del pueblo, cuando había clases sociales en vez de estratos socioeconómicos ABCDFGH y cuando la justicia social abarcaba no solamente el ámbito de un estado jibarizado sino que también tocaba territorios que hoy están vedados para toda intervención: los señoríos que pertenece a los dueños de Chile, also known as los chupasangres y explotadores. La avaricia, ambición desmedida, mezquindad y miopía de estos ex-plo-ta-do-res y chu-pa-san-gres se manifiesta en los sueldos indignos que pagan, en los impuestos que evaden y eluden, y en la legislación laboral que sus juniors, perdón, parlamentarios de centroderecha, defienden o propician (Allamand es uno de ellos, Longueira es otro, y los dos se esfuerzan por imitar hasta el acento de patrón de fundo de Onofre Jarpa. De los dos, Longueira es el que más se esfuerza y el que menos éxito tiene). El concepto es simple: todo para nosotros, el resto para los roteques, y que agradezcan.

Cualquiera que haya tenido la “suerte” de estar presente cuando estos señorones hablan de los trabajadores, creyendo que nadie les está anotando todo lo que dicen, sabrá que esta queja por el “lenguaje” de Escalona resulta cómica. Cuando están en confianza no sólo denigran a los trabajadores con el lenguaje, sino que van más al fondo: usan de servilleta el concepto de igualdad y se engrifan con la más mínima intromisión plebeya en el mundo del poder, que ven como privilegio divino exclusivo de ellos. Uno se tienta de decir que está en los genes de la clase alta chilena, porque incluso cuando los cuicos se dicen de izquierda (algunos muy furibundos y extra extra-parlamentarios) el clasismo se les sale por la comisura de los labios en forma de babita blanca o espumita.

Así que nada, bien por Camilo, grande Camilo por calentarse y decirles lo que son a micrófono abierto Las cifras lo respaldan. Debería darles vergüenza a los que hacen pucheritos defendiendo el derecho de los patrones de explotar y chupar la sangre de los trabajadores, quienes son (como dijera mi cuico favorito, Tomás Hirsch) los que verdaderamente sudan la gota gorda trabajando para crear la riqueza que otros, los vampiros y las sanguijuelas que se adueñaron de Chile, se reparten muy campantes, felicitándose entre ellos.

He dicho, por la xuxa. I feel a lot better now.

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