Fábula de tres hermanos

Ted Kennedy nunca accedió a las cumbres del poder donde se movieron sus hermanos asesinados, y tal vez por eso pudo mantener una línea política más o menos honorable. En su caso, el lugar común de “defensor de los más débiles” acierta, porque ningún legislador en su país cuenta con un historial similar de logros en beneficio de los millones de personas maltratadas por el implacable sistema económico norteamericano, que cuando funciona bien jode a tanta gente como cuando funciona mal.

Ted nunca se vio obligado a tener que renegar de sus convicciones, como hicieron sus hermanos Jack y Bobby en nombre de la realpolitik. Por ejemplo, a sabiendas de que lo hacía sólo para probar que no era un débil de carácter, John F. Kennedy no vaciló en intensificar la presencia norteamericana en Vietnam después del fracaso de la invasión a Cuba en Bahía Cochinos, con los resultados que todos conocemos. Bobby Kennedy, por su parte, como capo consigliere de su hermano mayor, no le hizo asco a asociarse en secreto con la mafia para intentar asesinar a Fidel Castro, al mismo tiempo que en público, como ministro de Justicia, lanzaba una cruzada contra el crimen organizado y viajaba por América Latina, dando lecciones de democracia y repartiendo leche en polvo.

Ted se libró de empuñar el timón de las grandes transacas, pero no por virtud personal, sino por un fallo terrible de su brújula moral. Sucedió hace 40 años, una noche de verano, dos días antes de que el Apolo 11 llegara a la luna y poco más de un año después de que mataran a su hermano Bobby en un hotel de California. Camino al ferry de Martha’s Vineyard, el auto del senador se salió de un puente y cayó al agua, ruedas arriba. El senador se salvó, pero poco o nada hizo para rescatar a su acompañante, Mary Jo Kopechne, que murió ahogada en la oscuridad. Tal como dijo Nixon (con deleite): ahí se acabó el ascenso de Ted Kennedy. El peso de Mary Jo fue como una piedra al cuello cuando intentó tirarse a la piscina de sus candidaturas presidenciales. Pinochet, que siempre le hizo caso a Nixon, mandó a sus agentes a tirarle huevos y mostrar posters con fotos de la joven muerta cuando Ted Kennedy vino a Chile en 1986.

Unos veinte años antes, yo había visto a su hermano Bobby dando el puntapié inicial de un partido de barrio en una cancha de tierra de San Miguel. Asocio la melena rubia de Bobby con la repartición de bolsas de leche en polvo de la Alianza Para el Progreso después del partido. Tras esa pasada relámpago por El Pinar, de la leche nunca más se supo. Sólo me quedó el recuerdo del gringo pateando una pelota medio descosida, rodeado de carabineros y de pelusas curiosos, una tarde de noviembre de 1965.

Ted no tenía la apostura de Jack ni el carisma de Bobby, pero con su cara de bistec marinado en buen whisky irlandés logró lo que sus hermanos jamás hubieran intentado: quitarle la ayuda militar a un régimen que su propio país había ayudado a establecer y, no contento con eso, irse a meter a Chile en plena dictadura a ofrecer su solidaridad, corriendo el riesgo de acabar con una bala chilena en la cabeza.

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La marea roja

La patria, si uno lo piensa, es una gran alucinación colectiva. Se gatilla con ciertos colores, sones musicales, a veces con la complicidad de alguna poesía. En el caso chileno, la cebolla salteada con comino colabora con la tricolor, el “Puro, Chile” y la selección de fútbol. Es una alucinación frágil pero potente. A veces me da la impresión de que los chilenos nos gastamos la mitad del tiempo sosteniendo la ficción feliz de que pertenecemos a una comunidad. Esto, que a muchos les parece natural y hasta bueno, la verdad es que es bien extraño y debe ser muy desgastador para la siquis. Porque para sostener esta ficción hay que olvidarse de siglos de violencia, engaños, corrupción, y de activa indiferencia frente al sufrimiento de otros chilenos. Los chispazos de solidaridad han sido la excepción a la regla, y vienen con la frecuencia de los desastres o las calamidades grandes, y con esto me refiero a cualquier evento, natural o no, que nos deje sin marraquetas, sin cigarros o sin micros.

Todo esto se me vino a la mente cuando vi que en el estadio de Brøndby había más chilenos que daneses y que muchos de ellos entonaban la canción nacional. ¿Qué impulsa a toda esa gente, emigrados o nacidos en esas tierras, a pintarrajearse con los colores de un país que los mira con sospecha y que, a pesar de las promesas de uno y otro lado, no ha sido capaz de reconocerles el derecho a voto?

La prensa danesa declaró que Chile jugó de local en Copenhagen. Para entender la magnitud de esto hay que imaginarse lo que será vivir en Dinamarca o en esas tierras nórdicas donde todo es al revés. Estuve allí hace mucho tiempo (era agosto y los días duraban una eternidad) y conocí la historia de unos campesinos mapuches que habían llegado con lo puesto tras ser expulsados de Chile después del golpe. Habían detenido familias enteras de un asentamiento en la Araucanía, las habían mandado a Temuco en buses, luego al Fortín Prat de Valparaíso, y de ahí directo a Pudahuel y el exilio danés. Muchos no habían estado nunca en Temuco ni visto un avión.

En el largo viaje a Escandinavia no se atrevieron a comer porque no creían que era gratis. Una vez en Copenhagen, instalados en departamentos conseguidos por los sindicatos daneses, hubo que pasar casa por casa para convencerlos de que los refrigeradores llenos también eran parte de la bienvenida solidaria.

Mientras el estado chileno devolvía las tierras de su asentamiento a los antiguos terratenientes, el estado danés les daba nueva tierra para cultivar, junto con las oportunidades que Chile les había negado: estudiar, trabajar, ser tratado con igualdad frente a la ley.

Tal vez alguno de ellos, o sus descendientes, haya estado en Brøndby el otro día, vistiendo los colores de la roja, mientras en la lejana Araucanía, entre gol y gol chileno, anuncian que acaban de matar a otro mapuche.

El triunfo de los tontos

Me pasa que me quedo dormido mirando televisión. No es que duerma, pero tampoco estoy despierto. Con este método he descubierto que se puede tolerar la oferta de la parrilla –me imagino que la llaman así en referencia a la tortura—especialmente los reality-shows. Además, he descubierto que en esa semi-vigilia a veces surgen pensamientos iluminadores, tal vez por causa del cogote torcido. La otra noche, mientras en “Pelotón” alguien lloraba o se agarraba a combos (tal vez no era llanto ni golpes sino gemidos y calugazos ploteados al detalle), en mi cabeza apareció como un letrero de neón la frase GANARON LOS TONTOS. Después de doscientos años, podemos decir que en Chile no ganaron la izquierda ni la derecha, sino los tarados. Los demás estamos en “la base” como decorado. De otro modo no se explican genialidades como las de los “reclutas”. Pensaba dedicarle algún párrafo a los que se destacan de manera especial por su intelecto, sabiduría o talento, pero son todos tan a la vela (liderados por un “instructor” que confiesa con cara de risa que mató un perrito a sangre fría como parte de su instrucción de comando) que sería injusto dejar alguno fuera.

El consuelo es que la victoria de los tontos es mundial, igual que el calentamiento. Ganaron en todas partes, porque se dieron cuenta de que los tontos unidos jamás serán vencidos. Si de a uno son incólumes, cuando se potencian entre muchos son inamovibles y ubicuos como la divinidad trinitaria del Tonto, el Tontito y el Espíritu Tonto. Y así nos tienen, dormitando frente a la tele mientras nos enseñan cómo es de verdad la sicología humana. Más vale que aceptemos que los tontos son la norma, y tal vez haya sido así desde los comienzos. El historiador Gabriel Salazar ha dicho que los momentos de progresismo en la historia de Chile son meros fogonazos dentro del oscuro orden portaliano. Viendo realities, me dan ganas de decir que, de modo similar, ha habido apenas algunos chispazos de razón en el humo espeso de la historia mundial.

La otra noche, cuando arreciaba el movimiento debajo de las mantas, apagué la tele con un esfuerzo extraordinario y como pude me deshice de las telarañas mentales. Seguí con mi lectura de cabecera, el libro Predictably Irrational del economista israelí Dan Ariely, quien explica que los seres humanos tomamos decisiones no precisamente con el cerebro sino con partes del cuerpo menos aptas para esos menesteres. En lo único que somos predecibles y coherentes, dice, es que vamos a actuar de manera irracional (palabra políticamente correcta para denotar idiotez). Uno de sus colegas en la Universidad de Duke, Ralph Keeney, ha dicho que la principal causa de muerte no es el cáncer ni las enfermedades cardíacas, ni los habituales sospechosos del tabaco y la obesidad, sino la incapacidad de tomar decisiones racionales. Agrega que este fenómeno va en aumento y que la mitad de la gente en algún instante tomará una decisión que a la larga va a costarle la vida. Keeney, claro, no se detiene a considerar que las decisiones individuales están limitadas a las opciones que otros ponen en la parrilla.

No niego que mirar “realities” a altas horas de la noche es una decisión estúpida, pero mis tonterías no afectan a nadie. Lo que sí me desvela es pensar que en algún momento se reunió gente inteligente, educada y bien pagada para decidir, tras sesudas discusiones, que producir “Pelotón” era una manera racional de gastar los recursos de todos los chilenos. No creo que nos cueste la vida, pero sí nos deja tullidos y somnolientos, haciéndole tiburones al Gran Instructor.

La tesis doctoral de Sebastián Piñera

Este blog tiene en sus manos una copia oficial de la tesis de Sebastián Piñera para optar al grado de Ph.D. de la Universidad de Harvard (Mayo, 1976). No hay grandes sorpresas o revelaciones que surjan a primera vista. El título es sencillo y genérico, pero no revela mucho acerca de los contenidos: The Economics of Education in Developing Countries: A Collection of Essays (La economía de la educación en países en desarrollo: una colección de ensayos). No hay evidencia de que este trabajo o los artículos derivados de él hayan causado gran impacto, a juzgar por el escaso número de citaciones encontradas en una búsqueda somera. Ciertamente, la producción académica de Sebastián Piñera se condice con la de alguien que una vez graduado optó por seguir el camino de los negocios y no el de una carrera como investigador, docente, o economista asociado a alguna institución como el Banco Mundial, el FMI, o similares. Durante la campaña presidencial de 2005, Noticias secretas esclareció el asunto del currículum vitae de Piñera,comprobando que era falso que hubiera sido profesor de economía en Harvard. lo que el candidato terminó por reconocer (a su manera).

La tesis consiste en tres ensayos temáticamente relacionados. Dos de ellos, el primero y el tercero, fueron escritos en colaboración con su antiguo profesor, Marcelo Selowsky, formado con Arnold Harberger en la Universidad de Chicago. Harberger, a su vez, es conocido por su liderazgo intelectual en la producción del documento conocido como “el ladrillo”, el plan económico que los “Chicago Boys” propusieron al comando electoral de Jorge Alessandri en 1970 (donde fue modificado hasta volverse irreconocible) y luego a la dictadura militar en 1975. El capítulo segundo es de autoría exclusiva de Sebastián Piñera.

Cabe aclarar que en los departamentos de economía de las universidades norteamericanas, la práctica de permitir que hasta 2/3 de la tesis sean escritos en colaboración no es poco común, a pesar de que hay facultades, como la de Yale, que han reducido recientemente el máximo de ensayos en colaboración a uno de tres. Esto se debe en parte a que los economistas, por lo general, no se concentran en la publicación de libros sino que contribuyen a la disciplina por medio de artículos en revistas especializadas. En las humanidades, o en algunas ciencias sociales como la historia, por ejemplo, sería impensable que se aceptara una tesis doctoral hecha a partir de una colaboración explícita tan extensa.

Capítulos de la tesis (ensayos).

I) Unemployment, Labor Market Segmentation, The Opportunity Cost of Labor and the Social Returns to Investments in Education. Desempleo, segmentación del mercado laboral, costo de oportunidad laboral y el retorno social de las inversiones en educación. (Marcelo Selowsky y Sebastián Piñera)

II) Minimum Wage, Labor Market Segmentation: The Earnings Function and the Social Returns to Education. Sueldo mínimo, segmentación de mercado laboral: la función de ganancias y los rendimientos sociales a las inversiones en educación.

III) The Economic Cost of the “Internal” Brain Drain: Its Magnitude in Developing Countries. El costo económico de la fuga de cerebros “interna”: su magnitud en países en desarrollo. (Marcelo Selowsky y Sebastián Piñera)

A partir del primer ensayo se derivan publicaciones en colaboración, las que reproducen el análisis y las conclusiones del ensayo original. Véase:

Sebastián Piñera & Marcelo Selowsky, 1976. “El Precio Social del Trabajo y el Retorno Social de Inversiones en Educación en Mercados Laborales Segmentados,” Cuadernos de Economía (Latin American Journal of Economics), Instituto de Economía. Pontificia Universidad Católica de Chile., vol. 13(40), pages 3-36. Este artículo se encuentra disponible online.

También fue publicado en inglés: “The Opportunity Cost of Labor and the Returns to Education under Unemployment and Labor Market Segmentation.” Sebastian Pinera and Marcelo Selowsky. The Quarterly Journal of Economics, Vol. 92, No. 3 (Aug., 1978), pp. 469-488. Online en JSTOR y en IDEAS

Lo mismo sucede con el tercer ensayo, también escrito en colaboración. Véase:

Sebastián Piñera & Marcelo Selowsky, 1978.
“El Costo Económico del Desperdicio de Cerebros,” Cuadernos de Economía (Latin American Journal of Economics), Instituto de Economía. Pontificia Universidad Católica de Chile., vol. 15(46), pages 349-406. Ver online.

Se encuentra también un artículo derivado, o spin-off: “The Optimal Ability-Education Mix And The Misallocation Of Resources Within Education Magnitude For Developing Countries”. Journal of Development Economics, Volume 8, Issue 1, February 1981, Pages 111-131. Ver online.

El segundo ensayo fue publicado sin mayores alteraciones en la revista Cuadernos de Economía de la Universidad Católica, donde Piñera fue docente.

Sebastián Piñera, 1978. “Segmentación en el Mercado del Trabajo y el Retorno Social de la Educación,” Cuadernos de Economía (Latin American Journal of Economics), Instituto de Economía. Pontificia Universidad Católica de Chile., vol. 15 (44), pages 27-66. Ver online

En el capítulo introductorio se resumen el contenido de la tesis en general y los ensayos individuales de la siguiente manera:

“Esta tesis doctoral es una colección de tres ensayos en torno a la estructura de los mercados laborales, legislaciones de sueldo mínimo, el costo social del trabajo y los retornos de las inversiones en educación en países en desarrollo.

“Los primeros dos ensayos representan un análisis teórico y empírico de la medición adecuada de los retornos verdaderos de la inversión en educación en mercados laborales segmentados. El tercer ensayo es de una índole diferente. Analiza teórica y empíricamente algunas reformas educacionales diseñadas para aumentar los retornos de los recursos educacionales en países en desarrollo. […] se resumen brevemente los ensayos.”

La metodología y la aproximación de los trabajos de Piñera tiene la marca distintiva de la escuela económica dominante a mediados de los 70 y principios de los 80, cuando surgen con mayor fuerza la reacción monetarista y la llamada escuela neo-clásica, en las que la macroeconomía se impone sobre el paradigma de Keynes. Después de tres décadas, la metodología empleada, con una fuerte dosis de econometría, da la impresión de estar imbuída de supuestos ideológicos que la economía contemporánea ha comenzado a cuestionar cada vez con más rigor.

Noticias secretas no es un sitio especializado en economía, y por lo tanto damos por cumplida nuestra tarea al facilitar el acceso al electorado o a los especialistas que quieran comentar, a lo que Sebastián Piñera pensaba en 1976 acerca de la relación entre empleo, educación, y recursos educacionales en general. Sería interesante comparar el contenido de este material con las propuestas que presenta el candidato de la derecha para solucionar los problemas análogos en la actualidad.

Periodismo rasca

Con el bullado asunto del supuesto rechazo de los EE.UU. a la reelección de José Miguel Insulza como Secretario General de la OEA, la derecha chilena ha demostrado una vez más dos cosas. Primero, que los medios de comunicación derechistas, como El Mercurio, ejercen un periodismo que es fácil presa de maniobras comunicacionales ajenas y, segundo, que sus vínculos en el exterior, particularmente en los EE.UU., son de una calidad mediocre, por decirlo de manera caritativa.

Con tal que puedan ubicar un titular llamativo que denigre de algún modo a personas relacionadas con la Concertación, los corresponsales mercuriales (y sus editores) se tragan todo. Hay que reconocer que parecen tener un oído bien desarrollado para la política ficción y que han aprendido a incorporar el lenguaje de la prensa investigativa más seria (“fuentes vinculadas” “fuentes ligadas”, etc.) Pero si bien en el periodismo serio hay una serie de códigos bien establecidos para utilizar ese tipo de atribuciones, en El Mercurio estas frases se convierten en martingalas vacías.

El artículo firmado por Pamela Aravena Bolívar del domingo consiste en un poco sustancioso compendio de citas de fuentes anónimas, mezclado con rumores de pasillo que parecen corroborar asertos que se dan por ciertos sólo porque la periodista lo afirma.

Con una simple llamada al Departamento de Estado hecha esta tarde, el simple ciudadano a pie que escribe este blog se contactó con la oficina de Thomas A. Shannon Jr., encargado del Buró de Asuntos Hemisféricos Occidentales, y obtuvo la siguiente declaración de una vocera de este ministerio norteamericano:

“The US does not discuss publicly its internal deliberations regarding candidacies por positions within international organizations. The US is grateful for the efforts of the OAS in helping to create a space that has made the current negotiation effort in Honduras possible. We further expect that the OAS will continue to have an important role at the conclusion of the current negotiation process.”

“Los Estados Unidos no comenta en público sus deliberaciones internas relacionadas con candidaturas en organizaciones internacionales. Los EE.UU. agradecen los esfuerzos de la OEA para ayudar a crear un espacio que ha posibilitado el actual esfuerzo de negociación en Honduras. Esperamos en el futuro que la OEA continúe desempeñanando un papel importante en la conclusión del actual proceso de negociaciones”.

Y eso era todo. Diga lo que diga El Mercurio, no hay una posición oficial del Departamento de Estado con respecto a la reelección de Insulza a la OEA, y cualquiera que lo afirme está faltando a la verdad. Bastaba una simple llamada telefónica para aclarar dudas o confirmar lo que se oye a medias en algún pasillo o en el circuito de cócteles de algún think-tank de Washington DC.

No habiendo otro candidato más que Insulza en carrera, no tiene ningún sentido que el Departamento de Estado queme cartuchos innecesariamente, ni tampoco que arriesgue por segunda vez una humillación como la que sufrió Condoleezza Rice al promover a último minuto una candidatura fantasma para impedir la llegada del chileno a la OEA.

Al final del artículo del domingo en El Mercurio, viene una sección que confirma que la intención, más que informativa, es propagandística. Ningún medio de comunicación respetable en EE.UU. usaría como fuente de autoridad las declaraciones de un centro de investigaciones tan ligado a la ideología ultraconservadora como el Hudson Institute.

Esta organización fue fundada nada menos que por el futurólogo Herman Kahn, autor intelectual de la teoría de la guerra nuclear “ganable” en la época de la Guerra Fría. El cineasta Stanley Kubrick se inspiró en parte en este genio para crear el personaje del Dr. Strangelove, el ex-nazi al que se le escapaba la mano en un saludo hitleriano cuando se entusiasmaba con los cohetes atómicos. Kahn no se arrugaba para declarar que el mundo después de una guerra atómica sería perfectamente habitable. Aun con la “megamuerte” (palabra con que designaba un millón de muertos, en un juego de palabras con “megatón”), Kahn decía que la humanidad podía continuar después del intercambio masivo de misiles nucleares. No era verdad, decía, que los sobrevivientes de un holocausto atómico iban a envidiar a los muertos. La contaminación no iba a ser más que una molestia con la que la humanidad aprendería a vivir. Proponía que después de la guerra se le diera el alimento contaminado a la población de más edad, razonando que se iban a morir igual, probablemente antes de que los mataran los lentos cánceres de la radioactividad. Y en cuanto a los defectos y deformaciones causadas por la radiación, Kahn tampoco se preocupaba, argumentando que la mayoría de la gente no iba a tener esos problemas. Lo racional era distribuir contadores Geiger para que cada persona dosificara en plena libertad su propia exposición a la radioactividad, sin imposición gubernamental. “Las autoridades norteamericanas estarían dispuestas, entre otras cosas, a aceptar el alto riesgo de un porcentaje mayor de nacimientos defectuosos si eso significara que no se le iba a entregar Europa a la Rusia Soviética,” escribió con toda certeza en su obra magna Sobre la guerra termonuclear.

El Hudson Institute promueve el legado de los geeks derechistas como Kahn en varias áreas de conocimiento, llegando incluso a tener un Centro de Estudios Latinoamericanos. Este centro consiste básicamente en una persona, su director, tan dogmático como Kahn hubiera querido, obsesionado con los peligros que se incuban en América Latina: los diablos del populismo, del indigenismo y hasta del islamismo. Así como Kahn creía en que los problemas con la radioactividad eran sicológicos –la náusea es psico-contagiosa, decía—, el costarricense Daremblum advierte que China, Rusia e Irán están gestando una silenciosa colonización de América Latina. Chávez y Evo Morales son la quintacolumna, y gente como Insulza son los ayudistas. “Un golpe para la democracia” se titula su columna de reacción al golpe de Honduras. En este tipo de fuentes se apoya El Mercurio para dar su información. Un par de datos más para caracterizar al Hudson Institute: entre sus miembros y asociados se encuentran distinguidos personajes como Alexander Haig –otro modelo para Dr. Strangelove—el juez ultraderechista Robert Bork, y “Scooter” Libby, asesor de G.W. Bush. Otros famosos incluyen a Richard Perle y Douglas Feith, dos de los cerebros de la invasión de Irak.

No es ninguna novedad que en El Mercurio se haga periodismo de baja calidad. A pesar de que sin duda hay buenos periodistas en ese diario, y de la presencia de voces como la de Carlos Peña en la página de opinión, la agenda ideológica del diario de Agustín se impone sobre cualquier estándar ético, especialmente en épocas de intranquilidad política para los sectores identificados con el diario. El problema de fondo, sin embargo, no es El Mercurio. Lo más preocupante de esto es que la prensa de la derecha anticipa de algún modo la gestión que llevaría a cabo un putativo gobierno de la Alianza por Chile. El periodismo rasca profetiza una gestión de gobierno mediocre e ideologizada. Detrás de una fachada de seriedad, la derecha chilena repite su movida clásica de comunicarse solamente con quienes tienen afinidad ideológica y con quienes promueven la agenda social conservadora de sus sectores integristas. Este grupo de gente, ya sea en círculos académicos o políticos, se caracteriza por su dogmatismo y por un nivel de prestigio secundario, cuando no derechamente dudoso. Con todas las críticas que se le pueden hacer a la Concertación, lo cierto es que los contactos diplomáticos, políticos, académicos y tecnológicos que ha forjado en el extranjero son de un nivel promedio alto. La derecha chilena, sumida en su mediocridad conservadora y provinciana, se las arregla para identificarse con interlocutores tan desprestigiados como el fantasmagórico partido republicano de Sarah Palin, o tan marginales como el Hudson Institute. Lástima para ellos que Jesse Helms, principal aliado de la derecha chilena en el Senado norteamericano, hace rato que se revuelve en su tumba, agradeciendo no estar vivo para tener que aguantar a un afroamericano de presidente y a una OEA que, al parecer, se manda sola.

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